Acceso, competencia y actitud

Con el nivel formativo de la población joven al alza, la competencia técnica se generaliza. Las destrezas personales, comunicativas y sociales adquieren un factor diferenciador laboral.

Con la llegada de las nuevas tecnologías, la brecha digital era determinante y se anunció el inicio de la sociedad de la información. El acceso era la clave. Este acceso se generalizó y llegó la abundancia. La competencia tecnológica, la especialización y el “saber hacer” desde la formación técnica se hicieron relevantes. Llegó, a todo se pone nombre, la sociedad del conocimiento. Ahora la clave no está en acceder a la información, sino ser competente en su utilización. Tras el acceso y la competencia, un empresario, en un foro para estudiantes de Formación Profesional, le ponía nombre al futuro: llega la sociedad de los felices. No era una mención meramente psicológica, y menos desde la autoayuda, sino una puesta en valor laboral: las competencias personales, comunicativas y sociales ganan peso en la empleabilidad de las personas. Tras el acceso y la competencia, cobra protagonismo el tercer factor: la actitud. En un mundo donde la aptitud, es decir, el aumento y generalización del nivel formativo de la población joven, donde tener un título “compite” con decenas, cientos, de currículos también con títulos, la actitud marca la diferencia.

Actitud de aprendizaje y adaptación laboral continuos.

Otro enfoque reafirma esta tendencia laboral. En un mundo cambiante, ese en el que dicen que los estudios preparan para trabajos que todavía no existen, la tradicional importancia de los conocimientos técnicos requiere complementarse con capacidades como el autoaprendizaje, aprender a aprender y una actitud de aprendizaje y adaptación laboral continuos.

¿De qué estamos hablando? De las llamadas soft skills o competencias blandas, relacionadas con habilidades personales y habilidades interpersonales. Trabajo en equipo, proactividad, aprender a aprender, capacidad de adaptación, competencia digital, idiomas, resolución de conflictos, habilidades comunicativas, etcétera. Destrezas transversales óptimas para cualquier empleo que nos facilitan la adaptación a un entorno laboral cambiante, activar los mecanismos personales para afrontar el reto de reciclaje técnico a lo largo de toda la vida e integrarse en equipos de trabajo diversos con eficiencia y eficacia.  

Hasta la fecha, se entendía que estas habilidades personales, comunicativas y sociales son innatas, o tan intangibles que forman parte más de nuestra personalidad y carácter que integradas en el conjunto de nuestras habilidades laborales, de tal forma que la formación se centraba en la cuestión técnica y no en este tipo de competencias blandas.

Entrena: Campus virtual LABORA FORMACIÓ

La buena noticia es que esta visión ya no impera actualmente. Como aprender un nuevo software, por ejemplo, adquirir las habilidades y destrezas que nos permite aprender este conocimiento técnico de una manera autónoma y proactiva también se entrena. También podemos formarnos en ello. Desde las competencias más evidentes, como los idiomas o la competencia digital, hasta otras como el liderazgo, el autocontrol y gestión de la autoestima, la resolución de conflictos o la ética profesional. Formaciones que ahora podéis encontrar en el Campus Virtual LABORA FORMACIÓ.

Pablo Rovira

Delegado del periódico Magisterio en la Comunitat Valenciana

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